Supremacía de la realidad (El Realismo literario) (Parte I)

Estimados lectores, les presento un nuevo post en la continuación de la línea de difusión sobre la modernidad literaria. Abordaré, a partir de este, en tres entregas lo correspondiente al Realismo como movimiento estético histórico. Espero que sea de su interés.

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Gustave Courbet – Entierro en Ornans, 1850 Fuente

Orígenes y bases

Luego del romanticismo, Francia se convierte en el principal polo de la modernidad literaria, si bien casi al mismo tiempo algo de gran importancia también está ocurriendo en Estados Unidos de América (de ello hablaré en otro artículo).

Sabemos que el romanticismo había puesto su énfasis en la expresión de la individualidad sentimental y emotiva del escritor, lo que suponía una manifestación de la personalidad de este; también conocemos que, asociada a la actitud crítica del romanticismo frente a la realidad de su momento, se dio un posicionamiento social y hasta político de sus exponentes; como ocurrió, por ejemplo, con Víctor Hugo en novelas como Los Miserables (ver post anterior).

Pisándole los talones al romanticismo (este se había desarrollado entre 1820 y 1840, principalmente), y quizás identificada con el último aspecto señalado antes, surge en Francia esa corriente estético-literaria bautizada como Realismo, que se considera convencionalmente desplegado entre 1840 y 1870. Se distanciará del Romanticismo y formulará su propia visión del quehacer artístico y literario. Así puede verse en el nº 1 de la revista Réalisme, que en 1856 publicara Edmond Duranty junto con Jules Champfleury, críticos impulsores e identificados con el realismo.

Primera página de la revista Réalisme nº 1 (1856), dirigida por Edmond Duranty Fuente

Allí se dirá, literalmente, que el Realismo propone «la reproducción exacta, completa y sincera del ambiente social y de la época en que vivimos». Sabemos que esto es más un deseo que un hecho alcanzable, pero ese el propósito declarado. La aspiración realista es antigua y estuvo presente, aunque quizás de modo ingenuo, en varios momentos anteriores del arte y la literatura; podría decirse que es un ideal recurrente y perenne, que logra su expresión más rigurosa y concentrada en el siglo XIX. Lo relevante de esta nueva aparición es que se hace con pretensiones más conscientes y con formulaciones basadas en el racionalismo en progreso para la época.

Veamos brevemente otras ideas centrales acerca de este movimiento de gran importancia en la literatura moderna.

La exploración de los hechos y la experiencia funcionó como una iniciativa clave en escritores y artistas del realismo, influidos por la investigación objetiva propiciada por la ciencia moderna en avance, lo que dará lugar al llamado Naturalismo. Impulsados por esa motivación, se introdujeron en ámbitos o problemáticas poco tratadas hasta entonces.

Jean-François Millet – Los Espigadores, 1857 Fuente

La realidad debía afrontarse de modo concreto, directo y nuevo, en una disposición consciente y despojada de fórmulas preconcebidas, poniendo el interés en la experiencia ordinaria y cotidiana.

En esta actitud fue primordial la noción de la historia, que había comenzado a apuntar a la disciplina racionalista de estudio de la historia (con Taine y Comte, con el llamado Positivismo), y colocaría los cimientos para la concepción progresista del tiempo.

También influyen las nuevas ideas democráticas en boga en ese momento histórico. Se ha producido la llamada «Revolución de 1848», y existe toda la herencia democrática de la Ilustración y la Revolución Francesa. De modo que el realismo francés, si bien tiene una relación con la sociedad predominantemente burguesa de la época, también es expresión de las fuerzas sociales emergentes.

Honoré Daumier – El tercer vagón, 1862 Fuente

Así, surgió una exigencia de democracia en la visión del arte que llevó a los realistas a valorar la representación de lo bajo y lo común, de los sectores desposeídos, sin abandonar la observación de los más privilegiados.

Más allá del ideal de imparcialidad y objetividad (por influencia de la ciencia), los realistas hicieron comentarios morales en sus obras, y hubo un compromiso ético con la verdad, la honestidad y la sinceridad, lo que se relaciona con un propósito eminentemente comunicativo con el lector.

La pintura de Courbet y el realismo

Gustave Courbet (1819-1877) es el insoslayable representante del realismo, que se inicia como expresión pictórica. Su obra plástica concreta el ideal realista, pero sus ideas expresadas verbalmente lo recogen con claridad, por ejemplo: «La pintura es un arte esencialmente concreto y sólo puede consistir en la presentación de cosas reales y existentes», «El arte histórico es contemporáneo por naturaleza. Cada época debe tener sus artistas que la expresen y la reproduzcan para el futuro», «El arte de la pintura sólo puede consistir en la representación de objetos que sean visibles y tangibles para el artista».

Su pintura «Bon jour, Monsieur Courbet», de 1854, es tomada como uno de los más representativos ejemplos del realismo, pues se considera que en ella quedó un evento ordinario y nimio en un ambiente paisajístico registrado casi fotográficamente.

Gustave Courbet – La reunión (Bonjour Monsieur Courbet), 1853 Fuente

Sin embargo, considero que el realismo llevado a un extremo para su momento histórico estaría expresado en su pintura «El origen del mundo», de 1866.

(Continuará en próximo post)

Referencias bibliográficas

Nochlin, Linda (1991). El realismo. España: Alianza Editorial.
Riquer, Martin de y Valverde, José M. (1979). Historia de la Literatura Universal (Tomo III). España: Planeta.
Steiner, George (2002). Gramática de la creación (3ª ed.). España: Ediciones Siruela.

Si estás interesado en leer los anteriores posts, puedes ir a los siguientes enlaces:

Modernidad literariaRomanticismo alemán Romanticismo ingles IRomanticismo inglés IIRomanticismo francés I y Romanticismo francés II.

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