Supremacía de la realidad (El Realismo literario) (y parte III)

Apreciados lectores, con esta parte llegamos al final del tratamiento del Realismo (ver al final los enlaces de los posts anteriores). En adelante, en la continuación de este paseo por la modernidad literaria, hablaremos del Parnasianismo.

Flaubert, más allá del realismo

Retrato de Gustave Flaubert a partir de fotografía de Nadar. Fuente

Gustave Flaubert (1821-1880) es uno de los más importantes novelistas de la literatura moderna, y fundamental en la narrativa de inicio realista, aunque su obra va más allá de ese carácter. Llegó a decir al respecto: «Odio eso que convencionalmente se llama realismo, aunque se me considere uno de sus grandes sacerdotes» (citado por Nochlin). Su novela más difundida y conocida es Madame Bovary (1857), pero es autor de otras tan resaltantes como La educación sentimental (1869) y Bouvard y Pecuchet (1881), esta última una de las novelas más peculiares de su narrativa.

Madame Bovary constituye su ejemplo mayor de un realismo particular (aunque yendo más allá de esa clasificación), pues junta las descripciones más detalladas de los entornos, circunstancias y personajes en sus aspectos físicos, con exploración de la psicología de los personajes protagonistas, en una especie de retrato psicológico, en especial de Emma Bovary. Se dice que Flaubert tomó el caso de una noticia de un periódico del momento o de una historia real referida por un amigo.

Una de las tantas ediciones en español. Fuente

Desde una perspectiva casi impersonal, el narrador nos va presentando el caso del matrimonio infeliz de Charles y Emma, quien vive sumida en la insatisfacción, el aburrimiento y sin encontrarle sentido a su vida rutinaria. Su búsqueda de otras experiencias y un cierto desenfreno emocional, dará lugar a su infidelidad: primero con Rodolphe, y luego con León, experiencias que terminarán siendo infelices. Emma, ahogada en grandes deudas económicas y abatida por el desengaño amoroso, tomará la decisión del suicidio por envenenamiento.

En esta novela Flaubert nos ofrece su visión de la vida del estrato social medio de la Francia de mediados del siglo XIX, hurgando en el espíritu y la moral dominante de la época, y acudiendo a lo que le es familiar y conocido. Quizás por eso en algún momento el mismo Flaubert dirá: «Madame Bovary soy yo», Incluso, se ha incorporado la palabra «bovarismo» (en ensayos literarios y diccionario de psicología) para significar «al estado de insatisfacción crónica de una persona (especialmente en el campo afectivo o amoroso), producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones (a menudo desproporcionadas respecto a sus propias posibilidades) y la realidad, que suele frustrarlas».

Edición interactiva (ebook) bilingüe (Inglés / Francés) Fuente

Veamos unos brevísimos fragmentos de la novela:

Todo cuanto le rodeaba de forma inmediata, el campo tedioso, los pequeños burgueses estúpidos, la mediocridad, en fin, de la vida, lo tomaba como una excepción dentro del mundo, como una peculiar casualidad que a ella la tenía aprisionada, mientras que por fuera de eso, más allá, el inmenso reino de los goces y las pasiones se extendía hasta perderse de vista.

Pero allá en lo más profundo de su alma siempre estaba esperando algo que iba a pasar. (…) No sabía cuál podría ser aquel evento azaroso, ni el viento que lo traería hacia ella ni a qué costas la llevaría (…)

La ausencia fue apagando insensiblemente el amor, las penas se asfixiaron bajo la rutina (…) En el embotamiento de su conciencia, llegó a confundir la aversión al marido con la tendencia hacia el amante (…)

Una de las más recientes versiones en el cine es la de Claude Chabrol, de 1991. Fuente

¡Tengo un amante, tengo un amante! -se repetía.
Y se regodeaba en aquella idea, como si se sintiera renacer a una nueva pubertad, sobrevenida de repente. Por fin iba a entrar en posesión de aquellos goces del amor, de aquella fiebre de dicha por la que tanto había suspirado. (…)
Se le vinieron a la mente las protagonistas de todos los libros que había leído y toda aquella legión de mujeres adúlteras (…) Ella también formaba parte real de aquellas criaturas de ficción (…) Experimentaba, además, el sentimiento de la revancha. ¡Ya estaba bien de sufrir! (…)

Luego el cura se puso a recitar el Misereatur y el Indulgentiam, mojó el pulgar de la mano derecha en el óleo y comenzó a hacer sus unciones. Primero en los ojos, que tanto habían apetecido todos los lujos terrenales; luego en las ventanas de la nariz, ávidas de brisas templadas y de perfumes de amor; luego en la boca, que se había abierto para mentir, que había gemido de orgullo y aullado de lujuria; (…) y por último en la planta de los pies, tan acelerados cuando volaba a saciar sus deseos y que ahora ya nunca volverían a andar.

«La muerte de madame Bovary», de Albert-Auguste Fourie (1883) Fuente

Tratando de ubicar a Flaubert y al realismo en sus justas dimensiones literarias, citemos a Linda Nochlin, la investigadora y crítico de arte, impulsora de los estudios de género:

El realismo, lejos de ignorar la forma, o las posibilidades y limitaciones técnicas de su medio, era muy consciente de las mismas, pero en su calidad de medios y no de fines. Cuando Flaubert dijo que “para cualquier cosa que se quiera decir hay tan sólo una palabra que lo exprese, un verbo que lo anime y un adjetivo que lo califique”, no estaba hablando acerca de la pura belleza de expresión o de la palabra por la palabra. Como señala Harry Levin, estaba intentando “aclarar detalles y especificar matices que novelistas más despreocupados señalan con generalizaciones torpes y vagos estereotipos”. El logro de Flaubert vino marcado por una “devoción a la palabra, no como dogma, sino como medio a través del que el artista crea y mediante el cual se aproxima a la realidad”. Con un leve cambio en las palabras, lo mismo puede decirse de todos los grandes artistas realistas.

Es innegable que el realismo de mediados del siglo XIX, particularmente en Francia, resultó un hito para la modernidad en la literatura occidental. La vertiente que sustentó ha continuado alimentando la literatura del siglo XX y la actual, en lo esencial, sobre todo en la lucha por expresar la realidad que nos constituye y envuelve.

Puede acceder a obras de Flaubert visitando el siguiente enlace o este otro

Referencias bibliográficas

Flaubert, Gustave (1983). Madame Bovary. Colombia: Editorial La Oveja Negra.
Nochlin, Linda (1991). El realismo. España: Alianza Editorial.
Riquer, Martin de y Valverde, José M. (1979). Historia de la Literatura Universal (Tomo III). España: Planeta.
Steiner, George (2002). Gramática de la creación (3ª ed.). España: Ediciones Siruela.
https://es.wikipedia.org/wiki/Bovarismo#cite_note-5
https://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_literario

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