Permaneces (a mi madre, in memoriam)

Permaneces (a mi madre, in memoriam)

a Rita, nuevamente

Fuente


Me reconozco
labrado de tu silencio,
el que nimbaba el hacer
rutinario de tu estar
sin reproches.


Asiento,
queriendo seguirte,
tu estancia religante
entre la mirada humilde
y el gesto protector.


Callada,
permaneces
en la acompañante foto
que custodia libros,
recuerdos y pérdidas.

Agradecido por su lectura.

Microficciones shakespereanas: el drama del poder

Experimentar a partir de textos canónicos o no es una inclinación que nos abrió la visión posmoderna de la literatura (tan irónica y transtextual), y antes, como un adelantado, nuestro escritor universal Jorge Luis Borges. La microficción constituye un recurso muy eficaz para ello. Lo intento esta vez con Shakespeare, a quien se recordara en pasados días a propósito del Día del Idioma.

“Hamlet”, Edwin Austin Abbey (1897) Fuente

El joven actor William Hamlet, al salir del ensayo en el Teatro El Globo, vislumbró la muerte de su padre, alcalde de Helsingor. En sueños se le presentó un fantasma acusador, y las imágenes eran claras. No tardó en darse cuenta que Claudio, su padre, había sido víctima del encono de su tío, abogado incurso en raros negocios, para hacerse del poder en la ciudad. Gertrudis, su madre, también había aparecido en su pesadilla, gozosa, al lado de su tío. «Algo huele mal en Dinamarca», le dijo un amigo al que consultó. Buscaría un modo de honrar a su padre y hacer justicia. «Lo demás es silencio», pensó.

* Los entrecomillados son citas literales de los actos I y V de Hamlet.

“Lady Macbeth”, Gustave Moreau, 1851 Fuente

Las mafias del narcotráfico cada vez tenían más poder en el país. Duncan, el gobernador de la capital, había propuesto varias estrategias para frenarlas, y, en lo posible, eliminarlas. Sospechosamente, pensó su hijo Malcolm, el Ministro de Defensa, Macbeth, no las aprobaba. En sus aventuras sexuales, alguna de las embrujadoras prostitutas le había revelado al militar: «Lo hermoso es horrendo, lo horrendo es hermoso».
Su astuta esposa armó todo, con una pequeña ayuda de los consultores mafiosos. ¡Ménage à trois perfecto! Quitar del medio al gobernador y su edecán, y hacerse del poder. Pero la culpa no perdona. Un veneno sería una buena solución. En un arranque filosófico o poético, Macbeth, él, tan pragmático, pensó o dijo algo que sigue sonando en nuestras conciencias: «Sólo una sombra errante es nuestra vida (…); un cuento que narrara un triste idiota, repleto de sonidos y de furia; pero que, finalmente, nada significan».

* Los entrecomillados son citas literales los actos I y V de Macbeth

Agradecido por su atención.


celf

Charles Baudelaire: escritor fundacional de la lírica moderna (Parte I)

El poeta Charles Baudelaire (retrato hecho por Félix Nadar) Fuente

Amigos lectores, hasta ahora hemos recorrido un significativo trecho en este paseo por los inicios de la modernidad poética, que emprendimos hace unos meses y que esperamos continuar en nuestro aporte al conocimiento de los cimientos de la poesía occidental moderna hasta nuestros días.

Pero antes de seguir, recordemos (o precisemos) una premisa. Existen dos sentidos para considerar la poesía moderna: uno amplio y otro restringido. Según el primero, la poesía moderna comenzaría con el Romanticismo y se extendería a lo largo del siglo XX. De acuerdo con el segundo criterio, se iniciaría con el Simbolismo, corriente inaugurada por Charles Baudelaire, y, obviamente, continuaría hasta el XX.

En nuestro camino hemos visitado grandes hitos: el Romanticismo alemán, inglés y francés, Edgar Allan Poe, Walt Whitman… Llegamos ahora, precisamente, a ese hito que es el poeta, pensador, crítico, ensayista y traductor Charles Baudelaire.

Si bien nuestro propósito en estos posts es comunicar aspectos teóricos esenciales sobre la obra literaria y las contribuciones de estos autores al desarrollo de la poesía moderna, es necesario reseñar partes de su biografía. De estar interesados en información más amplia puede consultar el siguiente enlace.

Retrato de Baudelaire, pintado en 1844 por Emile Deroy Fuente

Charles Baudelaire nace en París en 1821, y muere en la misma ciudad en 1867. Su padre fue un educador, pintor y funcionario del Estado, de formación católica; de él seguramente vino el interés hacia el arte y la influencia religiosa del poeta. Su madre le proporcionó su formación en la lengua inglesa. Se dice que fue criado por la sirvienta de la familia.

Cuando Baudelaire tenía cinco años murió su padre, de quien recibió una importante herencia económica. Pasado poco tiempo, su madre se casó con un militar, que llegó a alcanzar importantes cargos. El niño y joven Baudelaire siempre tuvo una relación de antipatía con su padrastro, quien lo internó en un colegio de disciplina rígida, de donde sería expulsado por su rebeldía ante las imposiciones.

De joven tuvo una vida libertina y bohemia, de «desórdenes» diversos en lo amoroso y sexual (asistía a prostíbulos y mantuvo relaciones públicas con conocidas prostitutas), consumo de drogas, etc. Participa en los círculos literarios y artísticos parisinos, y hace amistad con Nerval, Balzac y Gautier, entre otros importantes escritores del momento. Realizó trabajos de crítica de arte, que fueron publicados póstumamente bajo el título Curiosidades estéticas; estos trabajos se centraron en pintores contemporáneos que recibieron su impulso, como Delacroix. También se dedicó a la crítica literaria, trabajos recogidos en el libro póstumo El arte romántico.

Su libro en poesía más destacado es Las Flores del Mal, publicado en 1857, que fuera censurado y su autor sometido a proceso judicial por «ofender la moral pública y las buenas costumbres». Sin embargo, el libro fue publicado nuevamente en una edición ampliada en 1861. Especial mención merece su libro Pequeños poemas en prosa (también conocido como El spleen de París), de 1869, de mucha relevancia para la poesía moderna. Hay que recordar que fue el primer traductor al francés de gran parte de la obra de Edgar Allan Poe. Además, es autor de Los paraísos artificiales, de un estudio de la obra musical de Richard Wagner, y del conjunto de ensayos El pintor de la vida moderna, de gran significación por sus ideas estéticas. Igualmente, son de interés sus diarios íntimos, de publicación póstuma, donde está su importante texto «Mi corazón al desnudo».

Su muerte ocurrió a consecuencia de las complicaciones producidas por la sífilis que padecía desde hacía varios años.

Cabeza de mujer (1833), estudio para «La Masacre de Chios», de Eugène Delacroix Fuente

Trataremos a continuación los aspectos que nos parecen más relevantes de su obra y aportes.

  • Baudelaire se había nutrido del mejor Romanticismo, pero distanciándose de toda afectación sentimentalista, inclinación a la fácil espontaneidad y dejadez en la escritura. Participó en el Parnasianismo, con el que se identificó en ideas tales como el menosprecio del arte utilitario y la valoración del rigor estilístico y la función de la música en el poema. Sin embargo, trasvasa ambos movimientos y se convierte en precursor del Simbolismo (ver), enmarcado en la corriente del Decadentismo (ver), de la que también es expresión. Esto es lo que lleva a decir a Balakian: «Históricamente es un inadaptado; llegó demasiado tarde y demasiado pronto».
  • Hay que reconocer que Baudelaire tiene conciencia de la extraordinaria complejidad del alma humana. Esto lo lleva a indagar regiones oscuras del espíritu, pero se forma una cierta ambivalencia afectiva, siempre desde su posición crítica y de disciplina intelectual.
  • Baudelaire es el introductor de la palabra modernidad* («modernité», en francés) en la discusión cultural. En su ensayo *El pintor de la vida moderna*, interpretación de la obra de Constantin Guys, es donde aparece por primera vez:

Él busca ese algo que se nos permitirá llamar la modernidad, ya que no se puede hallar una palabra mejor para expresar la idea en cuestión. […] La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable [….] En pocas palabras, para que toda modernidad sea digna de volverse antigüedad, es necesario que pueda extraerse la belleza misteriosa que la vida humana inserta involuntariamente en ella.

«Bazar de la voluptuosidad» (1860), por Constantin Guys Fuente

  • Aquí está uno de los grandes aportes de este escritor: en su concepto de modernidad hallamos la conjunción de lo que caracteriza al presente como tal –su particularidad, que es pasajera–, pero que, por eso mismo, se hace trascendente. Como lo dice Compagnon: «La modernidad busca el reconocimiento de la doble naturaleza de lo bello, es decir, también, de la doble naturaleza del ser humano».
  • Este es precisamente uno de los varios aspectos principales del pensamiento estético que Baudelaire nos lega: el concepto de lo Bello, que tiene influencias de Poe. Se concibe no como una cualidad, sino como efecto. La belleza estará dada por elementos particulares; no es absoluta ni una, sino singular y plural, y por eso «lo bello es extraño». De allí, que la modernidad
    «es ese elemento que, al particularizarla, vivifica a la belleza». (Paz)
  • Y de ahí, al concepto de poesía en Baudelaire:

En primer lugar, Baudelaire concibe que en la palabra hay algo sagrado, y que usarla supone un «encantamiento evocador», así lo podemos leer en su ensayo sobre Gautier en El arte romántico. La evocación será quizás uno de los modos por excelencia como se cumpla el efecto estético del poema. ¿Pero qué es la evocación para Baudelaire? El lenguaje, más allá de su uso instrumental ordinario, puede producir otra dimensión, en la que se suscitan asociaciones no previamente determinadas (sensaciones, imágenes, significados).

«En la calle», de Constantin Guys Fuente

De modo que para Baudelaire la poesía se entendería como una experiencia espiritual circunscrita a la naturaleza terrenal. Dicho de otro modo, una proyección de la visión interior sobre el mundo exterior, con una correspondencia entre ambos, dando lugar a lo que conocemos como «sinestesia». Esta puede ser asumida como un recurso basado en la asociación entre estímulos sensoriales de diferente tipo, que producen un efecto confluyente en la mente (esto lo abordaremos específicamente en poemas de Baudelaire en post siguiente).

La importancia de Baudelaire amerita uno o dos posts más. Nos leemos en el siguiente. Gracias por su atención.

Referencias bibliográficas

Balakian, Anna (1969) El Movimiento Simbolista. España: Eidt. Guadarrama
Compagnom, Antoine (190). Las cinco paradojas de la modernidad. Venezuela: Monte Ávila.
Todó, Lluís (1987). El Simbolismo. España: Edit. Montesinos
Paz, Octavio (1985). Los hijos del limo. Colombia: Edit. La Oveja Negra.

Si estás interesado en leer los posts anteriores de esta serie, puedes visitar los siguientes enlaces:
Modernidad literariaRomanticismo alemán Romanticismo ingles IRomanticismo inglés IIRomanticismo francés I y Romanticismo francés IIRealismo literario IRealismo IIRealismo literario IIIParnasianismo IParnasianismo IIEdgar Allan Poe IEdgar Allan Poe IIEdgar Allan Poe IIIWalt Whitman IWalt Whitman IISimbolismo ISimbolismo IIDecadentismo IDecadentismo II.

Viernes Santo (poema a Marc de Civrieux)

El Jueves Santo de 2003 (17 de abril) falleció una persona a quien aprecié mucho, el geólogo de profesión, pero etnólogo y antropólogo de práctica, conocedor de las culturas arcaicas de América, y de Venezuela en particular, Marc de Civrieux. Al saber de su muerte en Mérida (Venezuela), al día siguiente, el Viernes Santo, escribí este poema en su memoria, que sigue inédito, y aprovecho la fecha para difundirlo por aquí. Se juntaron en este poema la significación de la fecha cristiana y el dolor por el fallecimiento de Marcos, como le decíamos, que si bien no fue un profesante del cristianismo, sí fue un hombre de profundo respeto del sentimiento religioso, que estudió en varias de sus manifestaciones en las culturas antiguas.

Fuente

Viernes Santo


Caminan como penitentes
atraídos por la hora nazarena                                                               

El sol cae santo un viernes

Vuela el rumor de los cantos
graves oraciones
transportadas por la brisa
y la mirra                                                               

Un crucificado en el recuerdo

El silencio espeso de la noche
olvida la hiel y la lanza
en el corazón                                                               

La luna antigua limpia el cielo

La piedad y el perdón
duermen apacibles
detrás de las puertas                                                               

Todo se ha consumado

(a Marc de Civrieux, un adiós)

Marc de Civrieux (Archivo personal)

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Gracias por su lectura.

«El enemigo», un filme venezolano para este tiempo

Afiche del filme Fuente

El cine venezolano ha sido estigmatizado –a veces desde la crítica especializada, otras por gran parte de la opinión común– como una producción centrada en la violencia política (la llamada «guerrilla» de izquierda) o delictiva, la predominancia de una visión simplista o edulcorada de la realidad, la imposición de un uso masivo de las expresiones groseras, etc. Mucho de eso, efectivamente, ha existido pero también, paralelamente a ello, pueden encontrarse obras de un gran nivel de calidad, tanto en el tratamiento de los problemas sociales, el lenguaje presente en él, y, sobre todo, una conciencia muy lúcida frente a la realidad.

Es el caso del filme El enemigo del cineasta venezolano Luis Alberto Lamata. Aun no siendo un filme muy reciente (su realización es del 2008), encontramos en él rasgos de gran valor cinematográfico, y, más todavía, una representación de lo que pudiéramos concebir como un modo de tratar la realidad venezolana con un talante y perspectiva diferentes.

Apreciamos que eso es lo que logra Lamata (no soy un incondicional de sus realizaciones fílmicas; valoro particularmente Jericó y Desnudo con naranjas) en este filme, disposición que sentimos continuada en cineastas venezolanos como Alejandro Bellame y Miguel Ferrari, por citar dos de los más importantes.

A propósito de la dramática situación que vivimos en Venezuela, en América y en el planeta (por decirlo de un modo rápido), pareciera cobrar pertinencia una reflexión ilustrada por este filme que, sin limitarse a circunstancias históricas muy restringidas, pudiera encaminarnos a una visión abierta, menos sectaria y discriminatoria, más tolerante y comprensiva.

Del filme Fuente

Veamos primero una síntesis argumentativa del filme El enemigo. La historia se centra en el encuentro, aparentemente casual, en un hospital de Caracas de dos personajes –mujer y hombre– habitantes de esa ciudad, cuyas vidas diferentes y separadas confluyen por un hecho trágico: la lesión por disparo(s) de los hijos de ambos. Antonieta Sánchez es una madre soltera pobre, que vive en un barrio marginal, y cuyo hijo de 17 años, inmerso en el mundo de la delincuencia y, particularmente, del sicariato, es herido de muerte en un intento de ejecución por sus pares. Benigno Robles es un abogado que ejerce como fiscal del Ministerio Público (Fiscalía), de clase media, y cuya hija, estudiante universitaria de Derecho, es herida gravemente en un enfrentamiento violento ocasionado por un acto de sicariato protagonizado por el joven delincuente, quien la había tomado como rehén.

Muchos son los aspectos a destacar de este filme. En primer lugar, nos muestra una visión de la realidad urbana venezolana contemporánea nada maniquea ni simplista, con una aguda y compleja conciencia del destino humano, condicionado socialmente, pero, a la vez, como resultado de hechos voluntarios. Confluyen dos vidas –individuales, familiares, sociales, morales– distintas, pero asociadas por varios aspectos en su doble manifestación: azar – destino, justicia – iniquidad, culpa – inocencia, dolor – compasión, soledad – solidaridad, y más allá, en definitiva, vida y muerte.

Alberto Lamata, quien además de director del filme, y participante en la producción, es guionista, adaptó la obra teatral Un corrido muy mentado, de Javier Moreno, escrita en 1999. Lamata asume con gran entereza y sensibilidad una difícil cuestión, componente de una dura realidad que afrontan las sociedades contemporáneas, en especial las latinoamericanas: la violencia social y sus consecuencias. Pero lo hace no como una simple presentación descriptiva y realista, ni en una manipulación de intereses políticos subalternos, ni mucho menos desde un regodeo espectacular en ella. No. Hurgando en los componentes visibles y concretos de esa realidad y del contexto en el que tiene lugar (barrio, calle, hospital, etc.), se introduce en otros menos obvios, y que, en definitiva, conforman su esencia: ¿cómo llegamos a ser víctimas o victimarios de ella, y cómo la asumimos desde el dolor y la solidaridad?

El filme no presenta soluciones ni posiciones determinantes. A lo sumo, se interroga sobre el sentido de las acciones, lo que estaría recogido en la frase que la hija de Benigno le recuerda: «En una guerra moral, si actúas como el enemigo, eres el enemigo»; frase de indudables implicaciones sociales, políticas, éticas y morales.

Fuente

Otros aspectos deben resaltarse en la calidad conceptual y artística de esta obra cinematográfica venezolana. La caracterización de los personajes principales está muy bien lograda en las interpretaciones hechas por tres destacados actores venezolanos: Lourdes Valera (excelente actriz, lamentablemente fallecida), como la madre pobre, quien aporta un realismo lindando entre la ironía y la poesía; Carlos Cruz, haciendo del fiscal, problematizado y solidario; Daniela Alvarado, la hija herida, que confronta el sentido de la justicia y la ética.

La estructura narrativa del discurso fílmico resulta eficaz en la presentación de la historia, y en ella de las correlaciones de los tres espacios temporales fundamentales: la historia de la madre y Odulio, el joven delincuente; la del fiscal, su esposa y, sobre todo, su hija; la del encuentro entre la madre del delincuente y el fiscal. La simultaneidad simulada mediante montaje alternado, así como los pasos de un tiempo a otro mediante el uso del flashback (analepsis) o flashfoward (prolepsis), están bien resueltos. En esos logros de edición (y fotografía) entran la combinación de fragmentos documentales «reales», fingidas entrevistas a personajes en el hospital, entre otros. El montaje, indudablemente, logra el cometido de mantener la atención del espectador.

Acostumbrados a sólo apreciar lo temático (el «qué»), como si este pudiera desligarse de la forma (el «cómo»), hay que reparar en la fotografía y cámara, que juegan, como en todo filme, un rol imprescindible (sin ellas no existe el producto fílmico). Dirigida por Alejandro Wiedemann (otro de los valores a reconocer), su propiedad y calidad es indiscutible: usos al estilo cámara de seguridad o de la panorámica («paneo») lateral, formas sobreexpuestas de escenas o secuencias (donde destaca la corrupción y el desorden delincuencial), entre otros aspectos.

El enemigo es un filme que nos puede colocar ante una visón problematizadora de nuestra realidad (más allá de la posición del autor). ¿Cómo nos ubicamos frente a lo que podríamos llamar «el enemigo»? ¿Cuál es nuestro «enemigo» hoy, y si puede llamarse así? ¿Habrá la posibilidad de «acordar» entre las fuerzas «enemigas»? Mucho de lo que Lamata y el autor del texto original exponen (lejos de relación personal o partidaria alguna), a mi modo de ver, tiene mucho sentido. Tengo mi posición, pero no quiero imponerla a cuenta de autor de este post.

El enemigo merece ser visto no sólo por los amantes del cine venezolano y latinoamericano, sino, más allá, de todas las personas con cierta preocupación ante la realidad social de violencia que afrontamos y nuestra actitud ética frente a ella.

Saludos

La peste que está en nosotros (Acerca de novela La Peste de Albert Camus)

Ilustración medieval de la peste negra Fuente

En estos tiempos aciagos que nos tocan vivir (si bien siempre se han dado, como lo demuestra que la expresión haya sido usada por el poeta alemán Hördelin en el siglo XIX), la literatura y la filosofía son referentes obligados. Ciertos autores y obras son reactivados en nuestra conciencia, en nuestro interés, por determinadas circunstancias, más si estas tocan a un gran conglomerado, como es el caso de esta pandemia.

Por eso, actualizo mi interés en uno de mis autores preferidos, Albert Camus (Argelia, 1913 – Francia, 1960), novelista, dramaturgo y filósofo francés, asociado al Existencialismo.

La obra de Camus que ha vuelto a mi conciencia lectora en estas circunstancias de la pandemia es La peste (también podría tener pertinencia El Extranjero), escrita en 1947. Su argumento es muy básico: un médico (Rieux), enfrentado a una epidemia de peste que azota a la ciudad argelina de Orán, se encuentra con otros y a sí mismo en la solidaridad ante el dolor, la soledad, la pérdida, el exilio, la muerte y la vida recomenzada. Narrada por uno de sus protagonistas, está marcada por destacados diálogos entre los personajes, que incluyen a otros dos médicos, un viajero, un periodista, un sacerdote y un contrabandista. A partir de las situaciones vividas, nos revela un profundo contenido filosófico y moral, extensivo a cualquier circunstancia temporal y geográfica, donde el sufrimiento, la restricción a las libertades y la muerte predominan. No por casualidad es considerada la principal novela escrita en Francia luego de la segunda guerra mundial, y una de las imprescindibles novelas de posguerra.

Albert Camus Fuente

La peste es la gran metáfora de Camus para abordar temas tan centrales como el sentido de la vida o el absurdo de ella, la responsabilidad individual, la creencia en Dios, la solidaridad, entre los más destacados. Además, esta novela, como toda su obra, está hecha desde un discurso verbal agudo, penetrante en nuestra emoción y conciencia personal.

Haré comentarios de ella a partir de ciertas citas que me parecen de relevancia (algunas pudieran ser un poco extensas):

Tal vez la forma más fácil de conocer una ciudad es averiguar cómo trabajan, aman y mueren sus habitantes.

En sus primeras páginas, el autor, a través de su narrador, nos sitúa en unas coordenadas centrales de la novela, más aún, de la existencia. Son las notas esenciales para adentrarse en una ciudad o pueblo, pero quizás también de su individuos.

En pocos días el número de casos había aumentado a pasos agigantados, y se hizo evidente para todos los observadores de esta extraña enfermedad que una verdadera epidemia se había instalado. Así fue cuando Castel, uno de los colegas de Rieux, un hombre mucho mayor que él, vino a verle.
«Naturalmente», le dijo a Rieux, «ya sabes lo que es».
«Estoy esperando el resultado de las autopsias».
«Bueno, ya lo sé. Y no necesito ninguna autopsia. Estuve en China durante buena parte de mi carrera, y vi algunos casos en París hace veinte años. Sólo que nadie se atrevió a llamarlos por su nombre en esa ocasión. El tabú habitual, por supuesto; el público no debe alarmarse, eso no serviría de nada. Y entonces, como dijo uno de mis colegas, «Es impensable». Todo el mundo sabe que ha dejado de aparecer en Europa occidental. Sí, todo el mundo lo sabía, excepto los hombres muertos. Vamos, Rieux, sabes tan bien como yo lo que es».
Rieux reflexionó. Miraba por la ventana de su consulta, al alto acantilado que cerraba el semicírculo de la bahía en el lejano horizonte. Aunque azul, el cielo tenía un brillo apagado que se suavizaba a medida que la luz disminuía. «Sí, Castel», respondió. «Es apenas creíble. Pero todo apunta a que es una plaga».

El reconocimiento y la asunción de la verdad, que no sólo corresponde a especialistas, es vital. Pero destronando los tabúes, las falsas presunciones, las maniobras y operaciones movidas por intereses subalternos. Parece «apenas creíble», como dice Rieux, que estemos atravesando por situaciones de salud que la humanidad debería evitar o haber superado (Venezuela es un triste caso de la reaparición de enfermedades que se creían controladas desde hace muchos años).

Portada de edición de 1974 Fuente

Sin embargo, muchos siguieron esperando que la epidemia se extinguiera pronto y que ellos y sus familias se salvaran. Por lo tanto, no se sentían obligados a hacer ningún cambio en sus hábitos todavía. La peste fue para ellos un visitante no deseado, obligado a despedirse un día tan inesperadamente como había llegado. Alarmados, pero lejos de desesperarse, no habían llegado aún a la fase en que la peste les parecería el tejido mismo de su existencia; cuando se olvidaron de las vidas que hasta ahora les había sido dado llevar.

Un sentido central del texto, y diría que de toda la novela, es el de que la peste, es decir, el estado de emergencia, en lo que supone de suspensión de los derechos humanos, de un lado; o de abandono u olvido ciudadanos, pueda convertirse en estado de normalidad.

Las confesiones del médico Rieux son extraordinarias:

—No sé nada, Tarrou, le juro a usted que no sé nada. Cuando me metí en este oficio lo hice un poco abstractamente, en cierto modo, porque lo necesitaba (…) Y después he tenido que ver lo que es morir. ¿Sabe usted que hay gentes que se niegan a morir? ¿Ha oído usted gritar: «¡Jamás!» a una mujer en el momento de morir? Yo sí. Y me di cuenta en seguida de que no podría acostumbrarme a ello. Entonces yo era muy joven y me parecía que mi repugnancia alcanzaba al orden mismo del mundo. Luego, me he vuelto más modesto. Simplemente, no me acostumbro a ver morir. No sé más. (…)
—Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.
—No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser esta peste para usted.
—Sí —dijo Rieux—, una interminable derrota.
Tarrou se quedó mirando un rato al doctor, después se levantó y fue pesadamente hacia la puerta. Rieux le siguió. Cuando ya estaba junto a él, Tarrou, que iba como mirándose los pies, le dijo:
—¿Quién le ha enseñado a usted todo eso, doctor?
La respuesta vino inmediatamente.
—La miseria. (Nota propia: En otra traducción aparece: -El sufrimiento)

La conciencia del sufrimiento y de la muerte, tan propia de una visión existencialista, brotan aquí con una patética expresión. Cierto. Pero creo que lo más resaltante es la asunción individual de la vulnerabilidad y el aprendizaje vital a partir del sufrimiento, o de la miseria, como traduce otra versión la palabra final.

Fuente

Nuestros conciudadanos se habían puesto al compás de la peste, se habían adaptado, como se dice, porque no había medio de hacer otra cosa. Todavía tenían la actitud que se tiene ante la desgracia o el sufrimiento, pero ya no eran para ellos punzantes. El doctor Rieux consideraba que, justamente, esto era un desastre, porque el hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.
En este fragmento se refuerza una reflexión introducida arriba: el hábito, que podríamos traducir como resignación y práctica normalizada, es uno de los principales peligros ante una «peste» social, política, cultural….

Así habló Tarrou a Rieux:

Yo sé a ciencia cierta (…) que cada uno lleva en sí mismo la peste, porque nadie, nadie en el mundo está indemne de ella. Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección.

Recortada la cita por razones obvias, parte de ella nos sitúa ante una inquietud general, abstracta, donde la peste es más que un mal de salud física; es decir, como un «mal» que puede inficionarnos (¿la irresponsabilidad, la indolencia, la resignación…?)

Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo. ¡Es posible que fuera a eso a lo que Tarrou le llamaba ganar la partida!

Una de las reflexiones finales del narrador-protagonista nos coloca ante una doble certeza (o quizás incertidumbre): la inexorabilidad de la memoria. ¿Será el conocimiento tan realizable? Lo pregunto pues unas líneas después, se dice en la novela: «Un calor de vida y una imagen de muerte: esto era el conocimiento».

Fuente

El antepenúltimo párrafo de la novela (que refiere al momento en que ha sido superada la peste en el pueblo) es verdaderamente bello, conmovedor, y nos permitiremos reproducirlo completo, para que puedan degustarlo:

Del puerto oscuro subieron los primeros cohetes de los festejos oficiales. La ciudad los saludó con una sorda y larga exclamación. Cottard, Tarrou, aquellos y aquella que Rieux había amado y perdido, todos, muertos o culpables, estaban olvidados. El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos. En medio de los gritos que redoblaban su fuerza y su duración, que repercutían hasta el pie de la terraza, a medida que los ramilletes multicolores se elevaban en el cielo, el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

(Puede acceder a una versión de la novela original en * y en versión española en **)

Referencias bibliográficas:

Camus, Albert (1974). La peste. Argentina: Edit. Sur.
https://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Camus
https://es.wikipedia.org/wiki/La_peste

Edgar Allan Poe: raíz de la modernidad literaria (Parte II)

Fuente

En mi post anterior puntualicé dos primeros rasgos de la contribución de Allan Poe a la modernidad literaria. Estos son: 1. la separación entre la persona empírica (es decir, la persona real del escritor) y la obra escrita, y 2. el énfasis o la inclinación hacia la muerte y lo sobrenatural. Este último, que no desarrollamos, como ya dijimos, tiene especial manifestación en sus poemas. El más destacado al respecto es «El cuervo». Por ser un poema algo extenso solo citaremos algunos fragmentos (en el enlace anterior puede encontrar el poema completo) y comentaremos.

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

(…)

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

(…)

Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

(…)

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Ilustración 14 para «El cuervo» de Edgar Allan Poe, por Gustave Doré (1884) Fuente

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
Las palabras pronunció, como vertiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

(…)

¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

(…)

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

(Sigo la traducción de Julio Cortázar que puede encontrar aquí )

Presenta Poe en este poema –que fue un éxito popular en su momento y para algunos es el más famoso de la literatura estadounidense– la situación de un escritor apesadumbrado por la muerte de su amada, Leonora, que es visitado por un cuervo parlanchín que le reafirma su fatalidad. Un año después de publicado el poema, Poe da a conocer en un texto ensayístico una explicación de cómo lo compuso; en ese texto titulado Filosofía de la composición (1846) anota el autor que quiso partir de la Belleza como ideal propio de la poesía. En un texto de 1848, El principio poético define a la poesía como «la creación rítmica de la belleza», haciendo efectivo eso que algunos han llamado «la magia del verso».

Ese es el principio que constituye verbalmente al poema «El cuervo», compuesto de una forma rítmica muy cuidada, basada fundamentalmente en la introducción de un estribillo breve y contundente: nevermore; esta palabra (o frase, en la versión gramatical), además de hilar la construcción del poema, lo dota de temporalidad y de un carácter lúgubre. Estos dos aspectos interrelacionados concretan lo apuntado por Poe en su explicación del poema donde señalaba que su tono debía ser el de la melancolía. Es este estado, tan propio del poeta, el que se transmite en ese aire sombrío del estribillo, acentuado al ser dicho por un cuervo, y en la atmósfera de intemporalidad que implica el sentimiento de la muerte como fatalidad.

Ilustración de Édouard Manet para traducción francesa de «El Cuervo» hecha por Stéphane Mallarmé Fuente

Este rasgo de gusto por la muerte y lo sobrenatural lo encontramos de modo muy logrado en poemas como «Annabel Lee» (1849)
«Ululame», a los que no nos referiremos para no abusar.

(Puede leer más poemas de Poe en este enlace )

Sus cuentos, en gran parte, tendrán como tópico o motivo en unos casos la muerte, en otros lo sobrenatural, o ambos elementos a la vez. Y muchos de ellos estarán entrelazados por el amor. Con respecto a esta relación el estudioso Rafael Llopis hace una interesante consideración: «Eros y Tánatos son uno, en Poe. La muerte de la amada determina su amor a la muerte. Pero el amor a la muerte es la muerte del amor.»

(Continúa en próximo post)

Referencias bibliográficas

Friedrich, Hugo (1974). Estructura de la lírica moderna. España: Edit. Seix Barral.
Riquer, Martín de y Valverde, José M. (1979). Historia de la Literatura Universal (Volumen III). España: Edit. Planeta.
https://es.wikipedia.org/wiki/Edgar_Allan_Poe
https://es.wikisource.org/wiki/Poemas_(Poe)

Si estás interesado en leer los posts anteriores de esta serie, puedes visitar los siguientes enlaces:
Modernidad literariaRomanticismo alemán Romanticismo ingles IRomanticismo inglés IIRomanticismo francés I y Romanticismo francés IIRealismo literario IRealismo IIRealismo literario IIIParnasianismo I,Parnasianismo IIEdgar Allan Poe I.

Cotidiana / Everyday (poema / poem) (Español / English)

Apreciados lectores, les dejo a continuación un poema propio de esos que nutren mi búsqueda poética desde hace años: los que intentan des-cubrir el milagro de lo ordinario del vivir, y no pueden ser escritos sino en la forma del decir prosaico.

Dear readers, I leave you with one of those poems that have nourished my poetic search for years: those that try to uncover the miracle of ordinary life, and can only be written in the form of prosaic speech.

Fuente

Cotidiana


En las calles
la gente
va forjando el día
Tropiezan y sonríen
con su luz inadvertida
Caminan y hablan
sin sentir el esplendor
inundando sus ojos


En la esquina
algún solitario
contempla los rayos
que se escurren
entre las ramas

Fuente

Everyday


On the streets
the people
is forging the day
They stumble and smile
in its unseen light
They walk and talk
without feeling the splendor
flooding their eyes


In the corner
some loner
contemplates the rays
slipping through
the branches

Gracias por su lectura. / Thanks for your reading.

Supremacía de la realidad (El Realismo literario) (y parte III)

Apreciados lectores, con esta parte llegamos al final del tratamiento del Realismo (ver al final los enlaces de los posts anteriores). En adelante, en la continuación de este paseo por la modernidad literaria, hablaremos del Parnasianismo.

Flaubert, más allá del realismo

Retrato de Gustave Flaubert a partir de fotografía de Nadar. Fuente

Gustave Flaubert (1821-1880) es uno de los más importantes novelistas de la literatura moderna, y fundamental en la narrativa de inicio realista, aunque su obra va más allá de ese carácter. Llegó a decir al respecto: «Odio eso que convencionalmente se llama realismo, aunque se me considere uno de sus grandes sacerdotes» (citado por Nochlin). Su novela más difundida y conocida es Madame Bovary (1857), pero es autor de otras tan resaltantes como La educación sentimental (1869) y Bouvard y Pecuchet (1881), esta última una de las novelas más peculiares de su narrativa.

Madame Bovary constituye su ejemplo mayor de un realismo particular (aunque yendo más allá de esa clasificación), pues junta las descripciones más detalladas de los entornos, circunstancias y personajes en sus aspectos físicos, con exploración de la psicología de los personajes protagonistas, en una especie de retrato psicológico, en especial de Emma Bovary. Se dice que Flaubert tomó el caso de una noticia de un periódico del momento o de una historia real referida por un amigo.

Una de las tantas ediciones en español. Fuente

Desde una perspectiva casi impersonal, el narrador nos va presentando el caso del matrimonio infeliz de Charles y Emma, quien vive sumida en la insatisfacción, el aburrimiento y sin encontrarle sentido a su vida rutinaria. Su búsqueda de otras experiencias y un cierto desenfreno emocional, dará lugar a su infidelidad: primero con Rodolphe, y luego con León, experiencias que terminarán siendo infelices. Emma, ahogada en grandes deudas económicas y abatida por el desengaño amoroso, tomará la decisión del suicidio por envenenamiento.

En esta novela Flaubert nos ofrece su visión de la vida del estrato social medio de la Francia de mediados del siglo XIX, hurgando en el espíritu y la moral dominante de la época, y acudiendo a lo que le es familiar y conocido. Quizás por eso en algún momento el mismo Flaubert dirá: «Madame Bovary soy yo», Incluso, se ha incorporado la palabra «bovarismo» (en ensayos literarios y diccionario de psicología) para significar «al estado de insatisfacción crónica de una persona (especialmente en el campo afectivo o amoroso), producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones (a menudo desproporcionadas respecto a sus propias posibilidades) y la realidad, que suele frustrarlas».

Edición interactiva (ebook) bilingüe (Inglés / Francés) Fuente

Veamos unos brevísimos fragmentos de la novela:

Todo cuanto le rodeaba de forma inmediata, el campo tedioso, los pequeños burgueses estúpidos, la mediocridad, en fin, de la vida, lo tomaba como una excepción dentro del mundo, como una peculiar casualidad que a ella la tenía aprisionada, mientras que por fuera de eso, más allá, el inmenso reino de los goces y las pasiones se extendía hasta perderse de vista.

Pero allá en lo más profundo de su alma siempre estaba esperando algo que iba a pasar. (…) No sabía cuál podría ser aquel evento azaroso, ni el viento que lo traería hacia ella ni a qué costas la llevaría (…)

La ausencia fue apagando insensiblemente el amor, las penas se asfixiaron bajo la rutina (…) En el embotamiento de su conciencia, llegó a confundir la aversión al marido con la tendencia hacia el amante (…)

Una de las más recientes versiones en el cine es la de Claude Chabrol, de 1991. Fuente

¡Tengo un amante, tengo un amante! -se repetía.
Y se regodeaba en aquella idea, como si se sintiera renacer a una nueva pubertad, sobrevenida de repente. Por fin iba a entrar en posesión de aquellos goces del amor, de aquella fiebre de dicha por la que tanto había suspirado. (…)
Se le vinieron a la mente las protagonistas de todos los libros que había leído y toda aquella legión de mujeres adúlteras (…) Ella también formaba parte real de aquellas criaturas de ficción (…) Experimentaba, además, el sentimiento de la revancha. ¡Ya estaba bien de sufrir! (…)

Luego el cura se puso a recitar el Misereatur y el Indulgentiam, mojó el pulgar de la mano derecha en el óleo y comenzó a hacer sus unciones. Primero en los ojos, que tanto habían apetecido todos los lujos terrenales; luego en las ventanas de la nariz, ávidas de brisas templadas y de perfumes de amor; luego en la boca, que se había abierto para mentir, que había gemido de orgullo y aullado de lujuria; (…) y por último en la planta de los pies, tan acelerados cuando volaba a saciar sus deseos y que ahora ya nunca volverían a andar.

«La muerte de madame Bovary», de Albert-Auguste Fourie (1883) Fuente

Tratando de ubicar a Flaubert y al realismo en sus justas dimensiones literarias, citemos a Linda Nochlin, la investigadora y crítico de arte, impulsora de los estudios de género:

El realismo, lejos de ignorar la forma, o las posibilidades y limitaciones técnicas de su medio, era muy consciente de las mismas, pero en su calidad de medios y no de fines. Cuando Flaubert dijo que “para cualquier cosa que se quiera decir hay tan sólo una palabra que lo exprese, un verbo que lo anime y un adjetivo que lo califique”, no estaba hablando acerca de la pura belleza de expresión o de la palabra por la palabra. Como señala Harry Levin, estaba intentando “aclarar detalles y especificar matices que novelistas más despreocupados señalan con generalizaciones torpes y vagos estereotipos”. El logro de Flaubert vino marcado por una “devoción a la palabra, no como dogma, sino como medio a través del que el artista crea y mediante el cual se aproxima a la realidad”. Con un leve cambio en las palabras, lo mismo puede decirse de todos los grandes artistas realistas.

Es innegable que el realismo de mediados del siglo XIX, particularmente en Francia, resultó un hito para la modernidad en la literatura occidental. La vertiente que sustentó ha continuado alimentando la literatura del siglo XX y la actual, en lo esencial, sobre todo en la lucha por expresar la realidad que nos constituye y envuelve.

Puede acceder a obras de Flaubert visitando el siguiente enlace o este otro

Referencias bibliográficas

Flaubert, Gustave (1983). Madame Bovary. Colombia: Editorial La Oveja Negra.
Nochlin, Linda (1991). El realismo. España: Alianza Editorial.
Riquer, Martin de y Valverde, José M. (1979). Historia de la Literatura Universal (Tomo III). España: Planeta.
Steiner, George (2002). Gramática de la creación (3ª ed.). España: Ediciones Siruela.
https://es.wikipedia.org/wiki/Bovarismo#cite_note-5
https://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_literario

Si estás interesado en leer los anteriores posts, puedes ir a los siguientes enlaces:

Modernidad literariaRomanticismo alemán Romanticismo ingles IRomanticismo inglés IIRomanticismo francés IRomanticismo francés IIRealismo literario IRealismo literario II.

El negro de tus hilos (poema a la amada) / The Black of Your Threads (poem to the beloved) (Esp / Eng)

En el Día del Amor y la Amistad, comparto con ustedes uno de los poemas que he escrito a la persona amada. No suelo publicar poemas amorosos. Soy de los que sigo al poeta Rainer Maria Rilke en lo que decía en su primera carta al nuevo escritor que le consulta (recomiendo leer las Cartas a un joven poeta). Sin embargo, me he atrevido a incursionar en tan difícil terreno, e incluí una parte titulada «Memorioso amor» en mi segundo poemario Oculta y próxima. De esa parte, el poema que comparto ahora. ¡Feliz día!

Fuente

Tan cerca tu olor
de rama brotada
en la hendiduraTan cerca el negro
de tus hilos
en mis manosTan cerca el húmedo gusto
la piel esquiva y entregada
los rincones buscados
para el reposo
el enigma de tu carne
innombrada por este deseo
inacabado

On the Day of Love and Friendship, I share with you one of the poems I have written to the beloved person. I don’t usually publish love poems. I am one of those who follow the poet Rainer Maria Rilke in what he said in his first letter to the new writer who consults him (I recommend reading the *Letters to a Young Poet). However, I have dared to venture into such difficult terrain, and I included a part entitled «Memorable Love» in my second collection of poems Hidden and Close. From that part, the poem I share now. Happy day!

Fuente

So close your smell
of sprouted branch
in the crackSo close the black
of your threads
in my handsSo close the wet taste
the elusive and devoted skin
the wanted corners
for repose
the enigma of your flesh
unnamed by this
unfinished desire

Gracias por su atención. / Thank you for your attention.